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viernes, 10 de enero de 2014

10.- ¡QUE NO TE ENGAÑEN, LO MÁS IMPORTANTE DE UN PRODUCTO, ES LO QUE TE CUESTA! (Economía Elemental)


Y mira que le damos vueltas para decidirnos. ¡Con lo fácil que es! Lo más importante de un producto es “lo que te acabará costando”, y déjate de más pamplinas. Es así de rotundo y simple.

Bueno, quizás no tan simple, aunque sí, igual de rotundo.

Como diría, en sus mejores tiempos y días melancólicos, nuestra querida profesora: “Vivimos unos tiempos difíciles, confusos y complicados, en los que hemos perdido los valores más elementales y las apariencias, y malas influencias nos llevan a la perdición”

¡Y vaya si tiene razón! Son tiempos difíciles, y solo nos fijamos en el precio, confusos porque nos engañan y nos prometen incumplimientos manifiestos que toleramos con demasiada facilidad, complicados, porque puede llegar a poner en riesgo nuestra integridad física, sin valores elementales, porque a nadie le interesa cómo y dónde está fabricado, que componentes usa y cuan seguro y fiable es, solo nos fijamos en su apariencia, nos dejamos influir burdamente, y contribuimos a la muerte del país, que a la postre será nuestra perdición.

Por eso, hoy que tan de moda están los indicadores, podemos afirmar que, si en un concepto tenemos que resumir todas las cualidades de un producto, este sin duda será: “Lo que te acabará costando”.

Debido a ello, “lo que te acabará costando” un producto, difiere considerablemente de su precio. Hay otros valores muy importantes que no conviene ignorar.

En el indicador de “lo que te acabará costando” un producto y que de una forma u otra acabaremos pagando, tienen un peso muy importantes aspectos como la baja calidad de sus componentes, traducidos normalmente en una fiabilidad muy limitada y frustración en su uso. El escatimar recursos para su adecuación a las normativas vigentes medioambientales y contaminaciones radioeléctricas, con embalajes nada ecológicos que acarrearán costos posteriores. El saltarse normativas de seguridad eléctrica, con implicaciones de riesgo personal, que no tienen precio. Diseño no adecuado y consumo excesivo de energía, que incrementará “lo que te acabará costando”, día a día, mes a mes. El uso de plásticos inflamables, que descubrirás cuando ya no hay remedio. Los procesos inadecuados e irrespetuosos de producción, acarreando perjuicios personales a los directamente implicados y que menos beneficios obtienen. La ausencia de una compañía solvente y fiable, que siempre estará detrás para responderte con su garantía.

Por si no fuera suficiente con todo esto, en “lo que te acabará costando” toma un papel fundamental la procedencia del producto, incluso el de aquellas compañías que tratan de camelarte con su virtual españolidad.



A su precio inicial, por lo tanto,  se le incrementará  proporcionalmente la dudosa bifurcación, y consiguiente evaporación, del pago de impuestos, que no tendrás claro dónde van a parar, pero que no dudarás que, para encontrarlos, acabarán incrementando los tuyos. La procedencia externa de su fabricación,  dirigirá el dinero por el que lo has cambiado fuera de nuestras fronteras, aumentará el déficit del país, y no permitirás una distribución interna y adecuada de nuestros escasos recursos.

¡Búscale el matiz!
De nuestro país no debemos sacar dinero, debemos sacar productos, que es justamente lo contrario de lo que estamos haciendo. 

Esta es la clave, no hay otra. Cuanto más tardemos en darnos cuenta de esta sencillez, más nos hundiremos en la crisis. Si te parece, cuando debido a nuestras actitudes, volvamos a necesitar más dinero para seguir pagando los intereses de lo que debemos (la amortización del capital es un regalo para nuestros hijos), pedimos otro rescate, seguramente en condiciones todavía más difíciles que las actuales, y así acabaremos también arruinando el futuro de nuestros nietos.
Tenemos, urgentemente, que recuperar dinero para nuestro país. Necesitamos dinero sin contrapartidas, dinero ganancial, de ahí la extrema necesitar de sacar producto fabricado aquí, que además aumentará nuestro empleo (a no ser que mandemos a Bárcenas a realizar un trabajito al extranjero).

El incremento del consumo interno no es la solución, aunque es conveniente y condición fundamental.  Solamente con el incremento del consumo interno redistribuiremos nuestras miserias. Será lo mismo que la lotería de navidad, acabarán unos con más dinero, a cuenta de la disminución que se produce en los demás, es decir, antes y después del sorteo, exactamente el mismo dinero en el país, aunque distribuido de otra forma. Además, con el aumento del consumo interno sin matices, tenemos el riesgo de que esta redistribución interna del dinero, sea necesariamente mejor que la distribución anterior. Volviendo al símil navideño, sería una lotería bien pensada y beneficiosa para el país, si vendiéramos los décimos por todo el mundo, y trucáramos los bombos para que los premios recayeran en boletos vendidos a ciudadanos españoles (a peores saqueos y estafas estamos acostumbrados). Eso sería hacer país.
      De la misma forma, si el incremento del consumo interno, es a cambio de la disminución de nuestras compras externas (consumimos producto local de verdad), será beneficioso. Aunque esta no sea la solución para nuestra crisis, ayudará a frenará nuestra sangría (salida del dinero fuera de nuestra fronteras) y ayudará a crear empleo.

Que no te  quepa duda, hay que sacar producto del país. Tenemos que entender que NO es lo mismo vender una escoba en Lalín, que venderla en Lyon. A partir de ahí, se solucionará todo lo demás. Dejando pasar el tiempo no vamos a solucionar nada. En mi humilde pueblo, buena tierra de embutidos, dejamos pasar el tiempo para curar los chorizos. Con la cantidad que hay hoy en día, no damos abasto. Debemos cambiar radicalmente nuestras actitudes. Por eso, si seguimos decidiendo únicamente por la simple valoración del precio, y no de ¨"lo que te acabará costando", la situación actual no mejorará lo suficiente para dotar de un futuro decente a nuestros hijos, no aprovecharemos su valía y preparación, no facilitaremos la innovación y el desarrollo del país, con su correspondiente creación de empleo de calidad.

Yo nunca vi a un labrador tirar las semillas en los campos fértiles del vecino, y dejar los suyos sin cultivar y cuidar, condenando a su familia a una hambruna segura. ¿Y tú?

Ya sé que corro el riesgo de que todo esto te parezca una exageración (ya he corrido otros mayores en arrebatos anteriores y ya he demostrado lo irresponsable que soy), pero este riesgo es totalmente despreciable y asumible,  en comparación con el que estamos corriendo persistiendo en  nuestras actitudes actuales. No es imprescindible que te precipites en tu decisión. Déjalo enfriar. Particularmente me daría por satisfecho, con haber conseguido que, cuando te acerques al túnel para ver si es verdad lo que tanto nos anuncian, ansiamos y deseamos, lo hagas con extrema precaución. Asómate a su entrada con recelo, activa tus seis sentidos (el sexto, el de la desconfianza, tan desarrollado últimamente), no te coloques en medio, no vaya a ser que la luz que  te dicen que a su final se empieza a vislumbrar, sea el Expreso de las 23:40h que viene de frente y a toda máquina. Ten cuidado, que no te arrolle.  Al menos no vendrá atravesado, dirá el político de turno (no por que hayamos hecho algo, sino por que el propio túnel no se lo permitirá).

Por eso amigo mío, cuando te encuentres de frente la próxima oportunidad, y necesites tomar una decisión, no mires para otro lado, búscale el matiz (un túnel en vertical, viene siendo un pozo sin fondo), recapacita en todo esto y mira bien “lo que te acabará costando”, no vaya a ser verdad que su bajo precio te acabe saliendo demasiado caro.

Tú verás.

@mikeltrujillo